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PARCABRUTA
Por
Andrea González
Personajes:
Nona
Décima
Morta
El mensajero: El hombre que viene de lejos,
la desgracia
Salvador Allende
Trance/Muñeca
APAGON
Morta: Ahora podemos comer (reparte las latas de atún a las
mujeres, que se han dispersado por el escenario)
Nona: Anoche dormí pésimo. Olía a pescado. Un
olor fétido, como una lata de atún podrido.
Morta: Come. Tenemos mucho que hacer.
Nona: Me gustaría que algún día sucediera
algo distinto.
(Suena un teléfono, Décima, que se ha quedado
pegada observando la lata de atún, contesta)
Décima: ¿Aló?, ¿tan temprano?, ¿estás
seguro?, se murió nomás. (Saca una larga lista y tarja un nombre)
Morta: ¿Se murió Martín Fernando Alvarez
Soto?, ¿a las 3:34 am?, ¿se suicidó con una Magnum?
Décima: Sí, me acaban de confirmar. Creo que
cortaste el hilo demasiado pronto, Morta.
Morta: No tenía nada más que hacer. Él no
podía más con la culpa. Violó a sus tres hijas sistemáticamente y creo que lo
absolvieron por ser un alto ejecutivo de una institución financiera estatal.
Décima: Yo no pienso lo mismo. A veces pienso
que deberíamos dejar de hacer lo que hacemos.
Morta: Pero la maldad tiene caminos que nunca
se van a conocer. Termina de comer. Hay que separar los desechos para
eliminarlos por el tubo subterráneo.
Nona: Deberíamos buscar en la bodega si queda
algo distinto para comer mañana. Veo una lata más de atún y me muero acá mismo.
Morta: Primero hay que sacar la basura. Este
lugar debe tener un mínimo de asepsia. El atún debería durar hasta el próximo
mes. Después veremos que sigue. No comemos para gozar, eso ya se acabó hace
tiempo.
(Un sonido extraño surge desde algún lugar
desconocido. Las mujeres se asustan y se miran entre ellas. Es terror en
escena)
Décima: Esta lista (toma un montón de hojas
viejas) no termina nunca. Me agobia verla todos los días, es como estar dentro
de un disco rayado. Me muevo dentro de la rueda de la fortuna, pero siempre veo
lo mismo. Aún recuerdo el día en que decidimos venirnos para acá. Estaba
nublado y hacía mucho calor. Estábamos alegres y confiadas por llegar a un
nuevo lugar. Recuerdo la torre Entel, tan grande e iluminada de noche. La
Alameda llena de automóviles y tráfico desorbitante….
Nona: Y comimos sopaipillas compradas en la
calle para despedirnos de la gran ciudad. Le eché mucha mostaza. Después,
compramos unas cervezas y nos fuimos a emborrachar a la azotea del que era
nuestro edificio. Contamos las estrellas y pedimos deseos a la Luna.
Actriz 1 (micrófono): Recuerdo que la primera
vez que supe del mito de Las Parcas, sentí algo muy extraño dentro de mí. Me
dieron ganas de darle otra lectura al mito. De ver la posibilidad que estas
mujeres fueran personas, gente común y corriente que por alguna razón
misteriosa tiene esta responsabilidad.
Actriz 2 (megáfono): Y al darle otra lectura
al mito lo que sucede es que se vuelve real, toma una forma, adquiere un
sentido, incluso una poética.
Actriz 3: Recuerdo una vez, estaba con unas
amigas en el colegio, éramos tres y estábamos sentadas en círculo. Había clase
de Educación Física y como siempre, estábamos jugando cartas en el camarín. Una
de ellas dijo, ¿qué pasaría si nosotras tuviéramos la capacidad de hacer magia,
algo así como poderes sobrenaturales?
Décima: (Pausa corta) Tengo que hacer un
llamado. Lo siento Morta, no puedo más.
Nona: Hace días que te digo que Zeus no te va
a contestar. La red no está habilitada. Estamos desconectadas. Ahora el
aislamiento es definitivo. (Al público) Cosas que suceden en Chile, como querer
imponer la detención por sospecha en democracia y considerar la marihuana más
maligna que el alcohol, en fin.
Morta: ¡Décima! (pausa) Hace un mes ya. Hay
que ser sabias y esperar. No lo llames.
Décima agarra el teléfono y se va a un
rincón. Morta la persigue. Le quita el teléfono.
Morta: ¡No lo llames más! Si él necesita de
nosotras ya se pondrá en contacto.
Nona: Morta, tú sabes lo que pasa entre Zeus
y Décima.
Morta: Está prohibido hablar de eso.
Décima: Basta de prohibir. ¡Me niego!
Morta: (dura) Con esa llamada puedes cambiar
el curso del destino. Eso está
prohibido. No lo vas a llamar. ¿O acaso quieres acabar de una vez tu
misión? Dímelo. Dime que quieres acabar la misión y apago el chip, corto el
hilo y asunto acabado.
Nona: Ahí está el problema. Yo pienso que se
puede cambiar el curso del destino. Décima y Zeus tienen un asunto que
resolver, ¡deja que suceda!
Morta: ¡Cállate! Ya es suficiente la dureza
de estar aquí. No hagas más difíciles las cosas.
Décima: De todas maneras, si yo te contara lo
que realmente sucede te mueres Morta, de verdad te mueres (agarra un celular,
lo alza y está a punto de apretar un botón)
Morta: ¿Te atreves? Apreta el botón, ¿te
atreves?, ¿matar a tu propia hermana?, ¿matar a la de mayor poder?, no me hagas
reír, ustedes no pueden vivir sin mí.
Nona: Décima, no lo hagas, por favor. No lo
hagas.
Décima: Un minuto más y este aparato acaba
con tu vida.
Morta: ¿Tanto te importa Zeus?
Décima: Eso sólo lo sé yo.
Morta: Zeus debe estar perdido en algún
regimiento abandonado. Sabemos que la destrucción fue inminente. El destino está
directamente relacionado con la destrucción. Aquí no puede haber caos. Caos y
destrucción son totalmente diferentes. Estaremos destruídas, pero nuestro mundo
debe ser perfecto.
Nona va hacia el micrófono, que está a un
costado del escenario.
Nona: (discurso político, imitando a
Bachelet) Las mujeres siempre somos las que tomamos el destino por las riendas.
Somos nosotras el verdadero poder de la tierra. Es la mujer la que da a luz, es
la mujer la que corta el destino. Es la mujer la que decide. Nosotras, al igual
que todas ustedes, las mujeres que están en el público y que me escuchan en
este momento, tienen el derecho de decidir qué hacer con su vida.
Morta: (discurso político, imitando a algún
general de ejército) El destino es uno y tiene fin para todos. Debemos
liberarnos del yugo de los sueños y vivir en la realidad.
Décima: (discurso no político) Hola, ¿cómo
están? Yo estoy súper bien. Me siento súper cómoda acá frente a ustedes. Me
encanta la gente. ¿Veo a alguien conocido?, Hola!, ¿cómo estás?, qué rico que
viniste a verme. Quédate para que hablemos después de la función, ya?
Morta: (Haciendo gesto de videncia) Zeus ha
desaparecido. Me informan que se vienen muchos cambios de este desastre. ¡Cómo
pasa el tiempo! Ocho años ya llevamos acá, en que se quisieron cambiar las
cosas, pero todo fue peor.
Décima: (Urgencia) Se suicidó un general en
retiro porque lo iban a cambiar de cárcel. No resistió la idea de irse de Penal
Cordillera a Punta Peuco. Ese hilo estuvo bien cortado Morta, ese hombre fue
responsable de muchas muertes, torturas y desapariciones. ¡Qué terrible!
Morta: ¿Ustedes no me escuchan? Zeus ha
desaparecido. (Busca una tijera)
Décima: ¿Qué?
Nona: Lo sabía. Siempre lo supe.
Décima: ¿Por qué no me dijiste? ¡Mientes! No
creo que sea el momento para él.
Nona: No me agredas hermana, por favor.
Morta, ¡suelta ese hilo!
Morta queda en pausa con el hilo en la mano y
la tijera a punto de cortarlo.
(De fondo “El amor de mi vida has sido tú”,
Camilo Sesto)
Décima: Yo lo quería mucho. Yo quise estar con
él, pero nunca se dio la oportunidad. Eramos amantes impetuosos de esos con
olor a motel y jabón doméstico barato, escapando de los noticiarios de
farándula. Amantes de esos que se acurrucan en sábanas pasadas a Omo y se bañan
en una ducha que apesta a antiséptico. Y de esas tantas, Nona invocó un
nacimiento dentro de mí. Cuando yo lo supe, porque lo supe incluso antes de
estarlo, dije que no le iba a decir a nadie. Pero Morta ya lo sabía y ante eso
tuve que llegar a casa a desafiarla.
Morta: Corté el hilo y apagué el chip. Corto
y preciso. Ese ser no tenía que nacer.
Décima: Ni que hubiera Ley del Aborto, habría
preferido morir yo, desangrada, en la puerta de un hospital público. Ese día se
cortó la luz en el centro de Santiago por mucho rato. Y la gente le echó la
culpa a Chilectra y al sistema interconectado central. ¡Mentira! Fue la muerte
de mi hijo. ¿Ustedes saben lo que es que un hijo que una desea con toda el alma
se muera de pronto?, ¿lo saben?, tú que estás ahí escuchándome, ¿lo sabes?
Nona: Cuando se apagó el chip me fui a un
rincón y me puse a llorar como una estúpida. Supe que nunca iba a ser madre. Se
me fue a la mierda la Pachamama.
Morta: No podemos ser madres, eso nos
desvincularía del destino. Y tú no tenías porqué desafiarlo.
Décima: Maldito hilo rojo, te detesto con
toda mi alma. Y a ti Morta, te quiero tanto hermana mía, porque llevas mi
sangre, pero no puedo soportar que hayas matado a mi hijo.
Morta: No me arrepiento. Era lo que había que
hacer.
Nona: Siento algo raro. Me pica la piel.
Morta: Aplícate corticoide.
Nona: Me pica, mucho. Miren. (se descubre un
brazo y muestra una herida siniestra) LARGA PAUSA.
Décima: ¿qué es eso?, nunca había pasado algo
así. ¿Habrá algún virus en el ambiente?, ¿algún resto de radiactivo suelto por
ahí? (buscando) ¿la pared de plomo todavía nos protege?
Nona: No sé, supongo que sí, hasta ayer todo
estaba en orden, esto pica mucho. Duele. Tengo fiebre.
Morta: No seas víctima. Acuéstate, toma agua.
Décima prepara algo para que ella se sane.
Nona: (Mezclando pócima con una larga pausa.
De fondo, brevemente la canción del NO: Chile, la alegría ya viene) Creo que el
Mensajero está en camino.
Décima: El Mensajero no existe. Ese sí que es
un mito. Esperemos que traiga buenas noticias… que nos saque de aquí como la
cápsula Fénix a los 33 mineros de la San José. (Morta la ignora)
Nona: (delirando por la fiebre pulula por la
habitación, de algún lugar saca el libro Las Brutas de Juan Radrigán, lee un
fragmento): Si me doy, yo también le tengo ley a la vía... Pero no jué por lo
que los dijo don Javier que los pasó esto: jué por el encierro, jué por
quearlos aquí, ... Es como cuando una se pega en un brazo o en una pierna
siguiendo a los animales, con el calor de la carrera no se da cuenta y puée
pasar too el día sin sentir ná; pero cuando una se saca la ropa en la noche y
se ve la hería, entonces l'entra too el dolor y el mieo; así los pasó por
quearlos encerrás, los vimos la hería...
Décima: Qué raro como habla la Nona.
Morta: Está delirando, tiene fiebre, dale la
pócima.
Nona: entonces l'entra too el dolor y el
mieo; así los pasó por quearlos encerrás, los vimos la hería...
Décima: Es verdad lo que dice. Mira: “Entra
el dolor y el miedo. Así nos pasó por quedarnos encerradas. Nos vimos la
herida”.
Morta: ¡Tonterías! ¡Dale la pócima!
Nona: Esta herida creo que marca un tiempo.
¿Sienten el olor?
Décima: No, nada. Estás delirando. Estás
enferma.
Morta: ¡Dale la pócima!
Nona: Algo va a suceder. Huele a atún
podrido. Tengo asco.
Décima. Duerme. Quédate en silencio. Extraño
a Zeus. Me pica el cuerpo y el alma la tengo retorcida. Si estuviéramos en
Santiago, ya habríamos encontrado una farmacia.
Morta: Santiago ya no existe. La ciudad no
existe y como en Chile todo estaba en Santiago, las ciudades de las regiones
también murieron. ¿Te tomaste la pócima?
(Nona y Décima se toman la pócima)
Décima: Nona, ¿qué me diste? Era de un sabor
asqueroso.
Nona: (ríe tiernamente) Ajo molido en agua,
nada más.
Décima: No va a servir de nada.
Morta: Espérate un poco.
Nona: Necesito salir de acá.
Décima: Eso es imposible, afuera ya no queda
mucho oxígeno.
Nona: Estoy segura que está más abierto que
acá.
Décima: Morta, déjala que salga, que tome
aire, que se libere un poco.
Morta: ¿Liberación?, ¿de qué me hablas?,
¿crees que estos aparatos nos permiten ser libres?, ¿crees que podemos
apagarlos por siempre?, cada uno de estos aparatos es una vida o miles de vidas
Décima. No lo voy a saber yo (mostrando los hilos rojos). Es complejo. Cada
hilo es el alma de la persona y cada chip la vida de ella. Son vidas humanas
que dependen de los chips que están en su interior y del hilo que corto. El
alma ha muerto, somos nosotras las que con esto decidimos lo que sucede arriba.
Décima: Eso ya lo sé.
Nona: Al menos Décima tiene a Zeus en su
recuerdo.
Morta: Yo una vez tuve un hombre que me
quiso. Era un vendedor. Llegaba de vez en cuando. Ustedes eran muy pequeñas, no
se acuerdan. Abría un saco y adentro tenía puros cachureos (revive lo que
cuenta) me veo a mí misma feliz, con una sonrisa de adentro. Había juguetes,
ropa, una blusa muy linda de color blanco, casi transparente. Me gustó tanto que
me la compré. En algún momento, él me tomaba de la mano y yo me dejaba llevar.
Podíamos estar una hora, dos horas eternamente observando la calle y yo no
soltaba su mano y él tampoco soltaba la mía. Me daba un beso tierno en la boca
y así nos quedábamos, hasta que mi madre decía: “Morta, aprende a cortar el
hilo de una vez”.
Décima: Era una libertad que te daba el amor.
Sólo el amor te hace libre. Y ahora, nosotras estamos solas. No tenemos a quien
amar en concreto. No somos libres. Estamos encerradas.
Nona: Qué curioso, amor significa “sin
muerte”. ¿Será que todas moriremos?
Morta: Les encuentro razón. Una contradicción
totalmente comprensible para mí. Soy la muerte, no puedo tener libertad.
(PAUSA)
Nona: (Rompe el ritmo) Recuerdas que una vez
me dijiste que querías cumplir un sueño…
Morta: Era una locura.
Décima: Nunca es tarde. Ven.
(Nona y Décima ponen las manos sobre la
cabeza de Morta y la hacen revivir el momento con el vendedor)
Morta: Se siente muy real. Qué miedo. (Se
para, molesta) Todo esto es falso.
Décima: Hazlo, siempre has querido hacerlo.
Nona: Atrévete.
Morta: Algo muy extraño está pasando. No sé
si será tu herida o quizás qué, pero quiero.
Décima: Veamos que dice el público.
Nona: Qué importa el público. Nosotras
estamos en otro plano. Dejemos que Morta decida. Que rompa el destino. Que
cambie.
Morta: Apúrense antes que me arrepienta.
Morta deja de ser la verdadera Parca y se
transforma en una mujer dulce. (Yasna elige una canción romántica que te guste
para este momento)
Nona: Me pican los ojos. Veo algo a lo lejos…
Son sombras… unos caballos enormes de color negro, tienen los ojos de fuego y
gritan, gritan como seres humanos en medio de un combate. Galopan demasiado
rápido, ¡cuidado Morta, están detrás de ti!
Morta: Me gusta, me siento bien. (Al público)
¿les gusta que me sienta bien? Qué importa el público. Nosotras estamos en otro
plano. Dejemos que Morta decida (se ríe)
Nona: Me pican los ojos…los caballos… el
viento, el fuego… me sofoca… mis ojos…
Décima: Come ajo con agua, te hará bien (ríe)
Nona: (pausa/transformación) Judica, Domine, nocentes me: expugna impugnantes me. Fiat viae illorum tenebrae, et lubricum:
et angelus Domini persequens eos. Veniat illi laqueus quem ignorat; et captio
quam anscondit, apprehendat eum: et in laqueum cadat in ipsum. Anima autem meam exsultabit in Domino: et delectabitur super
salutari suo.
Décima: ¿Y a esta qué le pasó?,
¿se le entró un demonio?
Morta: Me duele la cabeza. Siento
un hoyo en el centro del cráneo.
Décima: Sólo son tus nervios.
Mira, mira la herida, está cada vez peor.
Nona: Me duelen los ojos. Pican.
No veo nada.
Décima: Tranquila.
Nona: Viene.
Morta: ¿quién?
Nona: El
Las tres hermanas se colocan en
la misma posición del comienzo, la escena inicial. Ya no comen atún. En
penumbras. Hablan muy lentamente, con la voz más ronca y profunda. Atmósfera de
letargo.
Nona: Anoche dormí pésimo. Alguien se me
sentó en el borde de la cama. Olía a pescado. Un olor fétido.
Morta: Come. Tenemos mucho que hacer.
Nona: Me gustaría que algún día sucediera
algo distinto. Tenemos una rutina que ahoga.
(En susurros)
Nona: Anoche dormí pésimo. Olía a pescado. Un
olor fétido, como una lata de atún podrido.
Morta: Come. Tenemos mucho que hacer.
Nona: Me gustaría que algún día sucediera
algo distinto.
(Suena LA música. Aparece una mujer vestida
de hombre)
(A continuación texto gritándose las unas a
las otras)
Nona: Anoche dormí pésimo. Olía a pescado. Un
olor fétido, como una lata de atún podrido.
Morta: Come. Tenemos mucho que hacer.
Nona: Me gustaría que algún día sucediera
algo distinto.
Mensajero: Mis queridísimas Nona, Décima y
Morta. He llegado a vuestro encuentro luego de pasar cinco horas en burro, dos
horas en moto, un día como acompañante de un camionero que estaba drogado, tres
horas más caminando simplemente hasta que vislumbré el agujero donde está la
entrada a vuestra humilde morada con la bandera de McDonald’s I Love It.
Nona: Imposible perderse.
Morta: Me extraña que nos hayas encontrado.
No queremos que nos encuentren. No existimos para nadie, sólo para nosotras.
Décima: Esto no es casualidad. Lo supe de
siempre. El sueño me mostró que estábamos sentadas en esta misma posición, con
la misma ropa y el mismo sabor a atún en la boca. No te preocupes, sabíamos que
ibas a venir.
Mensajero: Tantas cosas extrañas que hay acá.
Hay un olor raro, como a atún podrido.
Nona: ¿Vieron que hay un olor raro?, no estoy
loca.
Décima: Ya, hazla corta, ¿qué tienes que decirnos?
Mensajero: Me gustaría que os pudierais darme
un vaso de agua.
Nona: Lo siento, no hay para nadie más.
Morta: No seas cagada, alcanza para todos.
Décima: Pero se va a tomar todo lo que
tenemos que tomar hoy.
Nona: Si quiere agua, agua tendrá. Es el
Mensajero.
Morta: Muy bien Nona, estás aprendiendo.
Deberías imitarla Décima.
Décima: Bueno, después no digan que el agua
se va a acabar antes.
Mensajero: (al público) no la van a
necesitar.
Morta: ¿Qué dijiste?
Mensajero (bebiendo): Nada mi querida Morta,
sólo estoy saciando mi sed. (Cierra un ojo al público)
Nona: ¿Tú sabes por qué me pican los ojos? Me
estoy quedando ciega. De a poco, veo más sombras que luces. Y caballos, fuego,
sombras…
Mensajero: (Irónico) Ni idea.
(Se apaga la luz. En la pantalla Caminante no
hay camino, se hace camino al andar, en karaoke cantan las tres. De improviso
se prende la luz)
Décima: Mira mi herida.
Mensajero: Qué feo, ¿cuándo te surgió aquella
horrible hendidura cutánea?
Décima: ¿qué?
Mensajero: ¿Desde cuándo tenís esa cuestión?
Décima: Ah, no sé, hace poco.
Nona: Yo sé que algo va a pasar.
Mensajero: No pasará nada.
Nona: No mientas.
Mensajero: nena yo nunca te he mentido.
Nona: Hace mucho tiempo que no nos vemos.
Mensajero: Yo a usted la deseé siempre.
Nona: Yo también te deseé. Lástima que nunca
pasó nada.
Mensajero: La Morta tiene la culpa.
Nona: Lo sé.
Morta (interrumpiendo) Ya, dinos.
Mensajero: No sé.
Morta: ¿Por qué?
Mensajero: Debo recibir un mensaje de
confirmación.
Décima: ¿De Zeus?
Mensajero: Exactamente.
Décima: (REACCIONA!!!) ¿Zeus está vivo?
Mensajero: Eso es lo que necesito comprobar
para poder decirles lo que tengo que decirles.
Nona: ¿Y que tienes que decirnos?
Mensajero: Algo que tengo que decirles.
Décima: ¿y qué es ese algo que tienes que
decirnos?
Mensajero: Algo
(Juego de coqueteo de las dos hermanas con el
Mensajero)
Nona a Décima: anda calentando la sopa. No
quiere decir nada.
Décima: Es harto guapo.
Nona: Estamos faltas de hombres. No hay
testosterona. Estoy llena de espinillas. Tengo los cachetes pálidos.
Décima: Me pica, mira. Está horrible y huele…
ay, qué asco, no resultó el ajo.
Nona: Mírame a mí. Tu hermana no puedo verte.
Morta: Ya, me aburrí, dinos lo que tenemos
que saber.
Mensajero: Mi estimadísima señora Morta,
perdón señorita, tengo que esperar la llamada de Zeus.
(Música de los Angeles de Charlie. Las tres
hacen la coreografía.
Zeus (voz en off): «Había una vez tres muchachitas que fueron a la academia de policía.
Les asignaron misiones muy peligrosas. Pero yo las aparté de todo aquello y
ahora trabajan para mí. Yo me llamo Charlie» HASTA ACA
Las tres hermanas a coro:
Hola Charlie.
El Mensajero se transforma
en Salvador Allende. Se pone un casco militar y bigotes postizos.
Zeus: (interferencia cada
vez más fuerte y estruendosa): Seguramente ésta será la última oportunidad en
que pueda dirigirme a ustedes. Mis palabras no tienen amargura sino decepción.
Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a
renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del
pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a
la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada
definitivamente. Tienen la fuerza, la historia es de las mujeres y las hacen
las mujeres.
Décima: ¿Qué es esto?, ¿es
una grabación?, ¿se repite la historia?, ¿Zeus me escuchas?, Por favor dime qué
pasa. Zeus, Zeus…
Zeus: quiero
agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en
un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia y control de
la conciencia, que empeñó su palabra en que respetaría la ley, y así lo hizo.
En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes,
quiero que aprovechen la lección: el destino no existe, sean libres.
Morta: Pero
Zeus, respóndeme, yo nací para esto. Yo soy Morta, yo soy la que corta la vida.
Zeus: Yo no
soy el que juzga, el que juzga es el alma.
Décima: El
alma no existe, es sólo un recuerdo. En realidad, ya no tenemos alma. Nos
abandonó.
Zeus: Sigan
ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las
grandes alamedas. Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi
sacrificio no será en vano.
(SILENCIO Y
LARGA PAUSA)
Nona: El
desastre, era eso, la calamidad. Y ahora, la catástrofe. El cataclismo. Es la
degradación de la piel y la vista. La confusión de Morta. El cambio de nuestros
objetivos. No entiendo, 8 años haciendo lo mismo y ahora tendremos que parar.
No sirvo para esto. No sé qué hacer.
EL TEXTO A
CONTINUACION ES DICHO CON INTENCION DE LOCURA
Morta: ¿Dónde
está el cepillo de dientes?, ¿dónde está?
Nona: El
currículum, tengo que mandar el currículum. Activar la red nuevamente.
Décima: En un
pequeño lugar, ubicado en un subterráneo en algún lugar del norte de Chile,
¿estamos en Chile, no?
Morta: Las
vidas muertas y los hilos cortados. Hilos rojos cortados en pedacitos
esparcidos por toda esta enorme habitación. ¡Cuántos hilos cortados no habré
formado yo en mi puta vida? Los dientes. Lavarme los dientes. Eso quiero.
Nona: Cuando
de repente se esfumaban las luces de colores, y allá, en el lejano oriente se
levantaba la tormenta con un calor que calaba la piel. Era eso. El destino
elevándose por los aires y nosotros, diminutos como hormigas. Y miles de
pañales ondeando en el viento, pañales que salían de la vagina de las mujeres.
Y olor a leche cortada, a senos llenos de leche.
Décima:
Pequeños organismos dando vueltas por todo lo que existe. Seres invisibles. La
música. Esa música. ¿No escuchan la música? (el sonido del terror)
Mensajero:
Ustedes han de saber mis estimadísimas señoras…que… en definitiva…lo que
sucede…es que…la verdad, hay un….olor a atún podrido que me entra…en los
ojos…me pierdo, evado. ¿Qué mierdas sucede acá?, hay algo muy extraño dando
vueltas. (Se rasca la piel, se levanta la camisa, una enorme herida surca su
brazo).
Nona: Me
declaro culpable de todos aquellos nacimientos que tuvieron que ser y no fueron
por culpa de Morta. Aquí y ahora también asumo las muertes que mi hermana Morta
pueda haber provocado en personas inocentes. (Morta la ignora y silba) El
diario, ¿dónde está el diario? (va al rincón de los recuerdos) El 28 de
Noviembre de 2008 salió algo en el diario La Nación. Yo lo guardé. Me llamó la
atención algo, eran tres mujeres, como nosotras.
Décima va
primero y lo encuentra. Corre al micrófono. (Durante este momento, las hermanas
mezclan la lectura, con una danza muy extraña que les nace desde adentro, que
no necesariamente es andina, pero sí tiene relación extraña con la tierra, mientras
una lee, las otras dos se van transformando en estas mujeres viejas)
Décima
(leyendo): En la región precordillerana de la Tola, a
unos 3.800 metros de altura, tres precarias animitas sobreviven al paso del
tiempo. Están a los pies de una roca de cuatro metros, el lugar que eligieron
tres pastoras trashumantes para morir, el 12 de junio de 1974. Como si
asistieran a una ceremonia sagrada, ese día las hermanas Justa, Lucía y Luciana
vistieron sus mejores ropas. Zapatos y ropa interior nueva para un suicidio
ejemplar, que comenzó con el degollamiento de todos sus animales y terminó con
sus cuerpos y el de sus perros colgando y flameando como banderas derrotadas
desde una piedra piramidal. La misteriosa historia cautivó al dramaturgo Juan
Radrigán, quien escribió "Las brutas" en los 80. Y ahora resucita en
pantalla grande, gracias a la cámara de Octavio Meneses, quien registró el
documental "Las hermanas Quispe". (Nona baila en silencio una danza
andina inexplicable)
Morta: "Me apasionó el abandono, la poca prolijidad de la
investigación y la variedad de hipótesis que suscitó esta inmolación
misteriosa, porque se habló de suicidio colectivo, de espíritus demoníacos y
hasta de asesinato por parte de militares", cuenta el realizador radicado
en Copiapó sobre la génesis de una cinta que durante 30 minutos, desclasifica
olvidados expedientes, testimonios de arrieros, pastores, familiares y
descendientes de la etnia colla, uno de los cuatro pueblos originarios
reconocidos por el Estado al que pertenecían las hermanas muertas. (Durante la
lectura de este texto, Décima agarra un enorme cordel comienza a enrollarlo)
Nona:
(quien ha dejado de bailar) "Una de las cosas que me extrañó fue el
rol de la prensa. Me encontré con diarios en los que llamaban a la gente a no
creer en los rumores, a no enlodar el prestigio de los militares, mientras que
en el Archivo de Verdad y Justicia había testigos que decían lo contrario, así
que agarré mi cámara y partí a buscar respuestas a la Región de Atacama",
cuenta el cineasta.
Décima: En esos parajes se encontró con una hermética comunidad en
extinción que aún realiza sacrificios y que enciende velitas a "Las
brutas". Mientras vierten sangre de cabrito en sus rostros, aseguran que a
las Quispe "se les metió el diablo en la cabeza". Otros dicen que su
deseo era trascender, "volver a la tierra, al origen".
Morta: Yo maté a esas mujeres.
Décima: ¿Por qué lo hiciste?
Morta: Ya no tenían nada que hacer ahí.
Nona: Siempre hemos estado bajo los deseos de Zeus. Vivimos bajo
su deseo. No realizamos el nuestro.
Décima: Todos vivimos bajo los deseos de alguien superior.
Nona: Yo no pienso lo mismo.
Morta: Piensen en Paul Schâefer, ese hombre alemán temido en Villa
Baviera, acusado de pedófilo y explotador con los niños. Ese hombre les decía a
todos que él era un ser superior y que no había otra verdad sobre la tierra.
Nona: Ese es un ejemplo extremo. No todos son así. Esa era una
secta.
Décima: Lo que trato de decir es que los seres superiores no
existen.
Morta: ¿Cómo puedes decir eso Décima?, si hasta los dioses nos
temen. (PAUSA)
Nona: Puede ser cierto, pero te olvidas de algo muy importante.
Morta: ¿Qué cosa?
Nona: Que hace
rato dejamos de sentir. Estamos como esas mujeres andinas. Con sus animales
sacrificados. Su desgracia interna. Somos como un árbol sin raíz, como un mar
sin peces, como una luna sin sol. No tenemos algo que nos complete. Ni siquiera
tenemos amor. Se me olvidó amar.
Morta: ¿Cómo es eso?
Nona: Ya no tenemos Alma, ¿recuerdas? La dejamos en ese letrero
neón que robamos de un bar en Bellavista antes de venirnos para acá.
Décima: El sistema, hermanas. El sistema. Nacemos, vivimos,
morimos; siempre esclavos del sistema. No hay más.
Nona: Hay algo más. Los chips.
Morta: ¿Qué chips?
Décima: (agarra una pelota de fútbol) Nosotras teníamos una
misión. Los hombres y las mujeres se estaban dando cuenta que algo en sus vidas
estaba manejado por un ente al que no podían ver, pero que los observaba en
cada segundo de sus movimientos. Y por eso vino la catástrofe y la ola de
suicidios. Ahora Zeus nos abandonó. No tenemos nada que hacer.
Morta: Si tenemos que quedarnos acá, nos quedamos.
Nona: No sé si me quiero quedar.
Décima: Hay oxígeno suficiente para…tres días. No sé si el
conector al generador de oxígeno funciona.
Nona: Me voy.
Morta: ¿Y si mueres?
Nona: Va a ser porque tú cortaste el hilo.
Morta: Puedo hacerlo
Nona: ¿Aunque sea tu hermana?
Morta: No puedes salir, ¿lo recuerdas?
Décima: Zeus no está. Se fue. No me contesta. Seguiré insistiendo.
Morta: No insistas. Ese sistema ya no existe. La red colapsó y
como una forma de evitar una sobrecarga se ha anulado.
Décima: ¿Y el sistema alternativo?
Nona: Tampoco existe. Mira. (le muestra un teléfono destruido) Me
pican los ojos. De nuevo. Me duele. ¡Déjenme! (PAUSA) Pájaros sucios del
destino, miserables enviados de los dioses, suelten a esta mortal. Dejádla viva
para que sufra su tormento. Aquí, arrastrada entre vísceras, cual Prometeo, me
envolveré en cadenas invisibles y todos pagarán conmigo, no sin mí. ¡No sin mí!
Décima: Zeus no contesta. Y esta piel pica como si los deseos
hubieran salido de mis entrañas (se rasca, hasta sacarse sangre). Como si el
espíritu muerto de mi hijo, renaciera del útero para recordarme que su padre
podría estar muerto como él. Y así, saliendo de las recónditas basuras de mi
alma, divago por este desierto de ideas, que me sulfura desde adentro, como el
azufre.
Morta: Ahora lo siento, el olor a atún. Como huele. Es asqueroso.
¿Cuánto tiempo hemos vivido dentro de este olor?, ¿cuánto tiempo queriéndolas y
odiándolas a ustedes, hermanas? … sólo
tengo un sueño que crece y crece
Décima: El de dejar el búnker, terminar con todo esto… ¡y a Moscú!
Nona: Sí, a Moscú cuanto antes… (*) ¿Y el Mensajero?
Morta: No tengo idea, pensé que se había ido.
Nona: Ahí está, desmayado. ¿No lo habrás matado?
Morta: No. Despiértalo. Tal vez ya no tenga nada que decir y desee
salir de acá lo antes posible.
Nona: No, él sí que tiene algo que decirnos.
Décima: ¿Más importante que lo de Zeus?
Nona: No sé, no quiero saberlo, me asusta. Me desconozco.
Décima: Estás ciega.
Nona: Ni siquiera puedo ver lo que pasa dentro de mi mente. Es
horrible. Veo oscuridad.
Mensajero: Bien. Creo que ahora hay que decir la verdad.
Morta: La “verdad” es que hay que desconectar todo.
Décima: ¡No! Tiene que haber una salida
Nona: Siempre se puede volver a nacer. ¡Salgamos todas! Vámonos de
aquí, este lugar está infectado. Está todo podrido. Hay que buscar afuera. La
verdad está afuera, no acá, rodeadas de aparatos inservibles, de sistemas que
colapsan, de imágenes que no están, de personas que se fueron, de hilos
cortados. No más. No quiero más. (Súplica) Vámonos, ¡por favor!
Mensajero: Yo vine por ustedes.
(*) Chejov, Las tres hermanas
Nona: ¿Tú viniste por nosotras?
Mensajero: Compruébalo tú misma.
Morta: ¿Cómo?, ¿ahora?
Mensajero: Mira hacia afuera. Mira, observa hacia adelante. (Las
tres miran al público)
Décima: Miremos. Algo tiene que suceder ahora.
Mensajero: No se impacienten. Observen despacio.
(Una sombra imaginaria cruza por la luz)
Todas: ¿qué es eso?, ¿qué es eso que se ve ahí?
Mensajero: Esa sombra quiere algo de ustedes.
Morta: ¿Qué quiere?
Mensajero: Quiere que despierten.
Décima: ¿Cómo?
Mensajero: Con la destrucción.
Morta: ¿La destrucción de qué?
Nona: (Mostrando una botella de vino) De la cápsula del tiempo.
Morta: No hay hilo que sirva para matar esa cuestión.
Décima: Habrá que esperar que la cápsula se rompa sola.
Nona: ¿Y qué hacemos?
Mensajero: Dejar que suceda.
SILENCIO. OSCURIDAD. LARGA PAUSA.
Se encienden las luces. Están los cuatro actores sentados en los
asientos bastante cerca del público. Se despojan de la ropa y el maquillaje paulatinamente.
Sin embargo, las actrices que hacen de Décima y Nona no dejan de rascarse los
ojos y la piel, respectivamente.
Actriz 1: Hay un concepto que se llama “estado líquido” que tiene
que ver con una presencia escénica que no tiene forma concreta, pero que se
manifiesta de alguna manera en el espacio a través de la música, el sonido, la
iluminación, entre otros efectos.
Actriz 2: Este concepto es lo que nos lleva a una especie de
desnudez, de despojo de todo artificio, de generar un espacio invisible que
completa la atmósfera más allá del cuerpo.
Actriz 3: Por lo tanto, podríamos decir que en este momento somos
cuerpos presentes en un ahora, un aquí. Un momento real, verdadero. Somos un
fenómeno concreto que adquiere sustancia. Trascendemos lo teatral y nos
volvemos reales.
Actriz 4: Todo lo que vemos en este momento no es falso. Tampoco
es verdadero, pero es totalmente verosímil. Ustedes nos creen y ahora, de
pronto, se encuentran en el límite entre lo que es teatralidad y lo que no es
teatralidad.
Actriz 2: Somos teatro. Nada más que eso. Actores en escena.
(Sutilmente comienza la música del miedo, las actrices reaccionan)
Actriz 3: Reflexionamos, acerca del quehacer. Pensamos, como
compañía Teatro La Condena, que… la particularidad de la acción responde al
conjunto de imágenes…que están…en el inconsciente… co…me pica, me pica mucho.
Me pica. Me siento mal.
Actriz 1: Perdonen a mi compañera, ella…oh (al público) ¿sienten
ese olor?, no veo nada. Me duele la cabeza.
Morta: Es definitivo.
Actriz 2: (a Morta) ¡siéntate! Escucha para que puedas responder.
Morta:
(como poseída) eso es… eso es…
Las vidas muertas y los hilos cortados. Hilos rojos cortados en pedacitos
esparcidos por toda esta enorme habitación. ¡Cuántos hilos cortados no habré
formado yo en mi puta vida? Los dientes. Lavarme los dientes. Eso quiero.
Actriz 1 (Décima) : y a esta, ¿qué le pasa? La verdad es que
nuestra compañera no se siente bien. Así que vamos a terminar esta tertulia,
espero que les haya gustado la función. Lo hicimos lo mejor posible verdad…
¿Zeus?, Zeus dónde estás. ¿Zeus, te has muerto?
Nona: Tráelo. Ahí está. No veo nada.
Décima: Yo sabía. Bueno, tú lo sabías. ¿Vamos afuera?, ¿vamos?
Mensajero: Ustedes no hagan nada mis queridas. Siéntense.
Cálmense. Yo las voy a sacar de acá. Tranquilas. No se muevan. No hagan nada.
El Mensajero les saca el chip que tienen cada una escondida en la
guata. De fondo una música andina. Las hermanas mueren lentamente, emitiendo
balidos de animales.
Todas a coro: ¿dónde estamos?, ¿qué hacemos?, ¿qué va a pasar
ahora?
El Mensajero deja tres maletas abiertas en el centro del
escenario. Una de ellas, tiene una bandera chilena.
FIN